MÁS DERECHOS QUE DEBERES

Hace unos días, mientras esperaba en la calle que otra persona terminase de hacer su gestión en el cajero, fui testigo de un curioso movimiento ciudadano. Siempre tuve la sospecha de que algo así pasaba pero nunca lo había visto. Hasta ese día. Una señora de mediana edad, delgada, con chaqueta de punto, falda gris por debajo de las rodillas, medias gruesas y zapato plano, se acerca a un contenedor de papel con un montón de revistas entre sus brazos. Se detiene. Asoma la cabeza por la abertura y mira en el interior. Vacío. Echa un vistazo a su alrededor y de repente se agacha, deja el montón de revistas apoyado entre la acera de la calle y el contenedor de reciclaje, ¡y se aleja del lugar como quien no ha hecho nada!


Si yo fuese un dibujo manga, tendría un goterón en la cabeza y tres puntos suspensivos en un bocadillo. ¿Qué demonios acababa de ocurrir? ¿Cual era la finalidad de esta acción? ¿Qué pretendía conseguir esta señora? (a parte de ensuciar más las calles madrileñas, claro). Si por lo menos los vecinos con animales usasen esas revistas para recoger la mierda del perro que van dejando por las aceras de todo el barrio. Pero no. No va a ser el caso. En definitiva, volví para casa con la sensación de haber resuelto una incógnita pero de haber abierto muchas más. 

"Tener vecinos, es lo peor que te puede pasar. Pero todos tenemos vecinos, más lejos o más cerca."

Las incógnitas cerradas son todas aquellas relacionadas con las bolsas depositadas al lado de los contenedores y no dentro. Aún cuando los contenedores permanecen casi vacíos. O cuando aparecen bolsas de basuras llenas en medio de la nada. Hace cinco meses que me desplazo andando hasta otro barrio para dar clases a una alumna. Pues hace cuatro semanas, en uno de los parques por el que cruzo habitualmente, apareció, en medio del camino de paso, una gran bolsa negra de basura. Y bien llena. No era la típica de hogar sino el doble de grande. Estuve apunto de llevarla a un contenedor pero no había ninguno. Por encima, estaba lloviendo y yo iba cargada con material para mis clases. Finalmente, desistí de la idea. Bien, pues una semana después, la bolsa seguía allí. Ahora me entró la curiosidad, ¿Cuánto tiempo va estar la bolsa allí plantada? Y la dejé. Ya han pasado cuatro semanas. Iré informando.

"Siendo comprensiva, voy a pensar que la señora que depositó los periódicos fuera del contenedor, lo hizo pensando en aquellas personas que viven recogiendo basura."

Tener vecinos, es lo peor que te puede pasar. Pero todos tenemos vecinos, más lejos o más cerca. Y te afecta de muchas formas: música alta con paredes de papel, patios interiores humeantes las 24 horas del día, griterío, bolsas de basura en los pasillos de los edificios - lo de la basura es el gran tema-, ¡Junto con paraguas abiertos secando después de la lluvia! -la seguridad tampoco es una de sus preocupaciones-. Por no hablar de la conducción. Bueno, doy por sentado que si pasas con tu coche por mi barrio será porque vives en él o hay alguien que conoces que vive en él (Los amigos de mis vecinos, son mis vecinos). ¡Qué poco le importa al vecindario la seguridad vial!. Cuando cruzas  por un paso de peatones, tienes que vigilar mucho antes de cruzar; pero mientras cruzas, también tienes que vigilar mucho detrás de ti. No sé que pasa en Madrid pero los conductores van desesperados por la carretera.

"Tener un buen vecindario significa que unos vecinos impondrán su confort sobre los demás y que los demás cedan el suyo ."

Mientras escribo esto, sigo dándole vueltas a la señora que abandona los periódicos junto al contenedor. Siendo comprensiva, voy a pensar que la señora que depositó los periódicos fuera del contenedor, lo hizo pensando en aquellas personas que viven recogiendo basura -y no me refiero al servicio de limpieza-. De esta forma, evita que tengan que reventarlos facilitando el acceso al material. Lo de la mierda de perro, supongo que es cansancio, pereza y estoy cuidando el perro de mi hijo. En cuanto a la música, imagino que te hace sentir bien. En lo referente a la bolsa de basura en los descansillos del edificio, es para que no se les olvide bajarla. Para, finalmente, entender que la agresiva conducción es el estrés en el trabajo.

Al final, tener un buen vecindario significa que unos vecinos impondrán su confort sobre los demás y que los demás cedan el suyo hasta límites insospechados. La convivencia ya no tiene valor, ni devoción. Y si es así de sufrida es porque tenemos más derechos que deberes. Y el más importante, hoy en día, es el derecho a hacer lo que me sale del culo.

¿QUIÉN ESTÁ EDUCANDO A NUESTROS HIJOS?

¿Alguien conoce casos de bullying? Por desgracia, seguro que sí. Aunque antes no lo llamaban acoso escolar, lo llamaban cosas de niños. Algo ocurre cuando te conviertes en adulto, que edulcoramos los conflictos entre menores diciendo que es cosa de niñosVamos a cambiar el rol. Si un adulto educa en el miedo a otro adulto, es un claro caso de acoso psicológico. Si un adulto le tira del pelo a otro adulto es un claro caso de agresión física. Pero cuando un niño le tira del pelo a otro niño o lo insulta, le damos carpetazo diciendo que es cosa de niños.

Cada vez, saltan más noticias a los medios de comunicación relacionadas con el lado oscuro de los espacios educativos, que todos conocemos pero que dejamos pasar. A fin de cuentas, es un lugar de tránsito obligado al que no volverás, dejando atrás todos esos problemas. Pero ¿Es justa esa actitud? ¿Por qué no nos importa que los colegios e institutos sean un lugar de abandono y sufrimiento?

Si eres el acosado no encontrarás ayuda y refugio. Y si eres el agresor, tampoco hay soluciones para ti, y lo que podía haber sido un conflicto puntual, se convierte en reiterado y te conviertes en un acosador. Tampoco hay soluciones para los profesores, que hartos de esta situación, ponen de manifiesto el desmadre que hay en las aulas. Insistiendo sobre todo en la falta de respeto que hay en este ámbito y que se ha convertido, al parecer, en la nueva forma social de relacionarse.

Y así, padres, alumnos y profesores están avocados a compartir juntos, experiencias desagradables donde solo vale una ley: sobrevivir. Literalmente. Porque por desgracia, ya se conocen casos de suicidios, intentos de asesinato y bajas por depresión de profesores y alumnos. La polémica enciende el debate y pone de manifiesto la posición de los afectados ante este conflicto: los padres culpan a los profesores por su falta de profesionalidad, los profesores culpan al Gobierno porque no les dan más autoridad y el Gobierno insiste en que la educación corresponde a los padres.


¿No será que la educación es responsabilidad de toda la sociedad y que el problema está en la falta de proactividad? Es como ver una partida de ajedrez pero al revés, las piezas dan pasos hacia la casilla de salida para meterse en un cajón a la espera de que el jugador se olvide de la partida. Y aunque los medios de comunicación y personajes públicos se vuelcan en campañas contra el acoso escolar, terminan siendo mensajes en botellas lanzadas al mar que no llegan a quien tiene que escucharlos.

Escuchar con actitud. Porque de nada sirve pasarnos los días clamando al cielo que la educación en nuestro país se ha perdido y no hacer nada. Al igual que, de poco vale, presentarse como el jefe final de la educación con la solución definitiva que nos llevará a la gloria y no haber contado para ello con los profesores, padres y alumnos (si, alumnos sobretodo), para renovar una institución que se ha quedado totalmente obsoleta con una solución muy intelectual pero muy hueca también. 

Espero algún día, poder ser madre, y escribir en este blog diciendo que llevar a mi hijo a la escuela no me provoca el temor, la inseguridad y la pena que sentiría si tuviese que llevarlo ahora. Percibo un abandono total y absoluto por la educación de toda la sociedad en general, y mientras esto ocurre  yo me pregunto ¿quién está educando a nuestros hijos?