YOUTUBE, CONTINENTE Y CONTENIDO

A estas alturas de las redes sociales y plataformas de contenido, ya deberíamos de saber que nadie da nada por nada. Si tú puedes subir, es por alguien puede pagar.

YouTube es una de tantas.

La mayoría de las personas, describen la plataforma como un espacio donde poder subir contenido -videográfico- y compartirlo -de forma pública o privada- con el mundo. Además, como tú eres el creador, la plataforma te paga por tus servicios.

¿Y qué gana Youtube con todo esto? ¿Cómo se mantiene en pie semejante gigante? Publicidad. Principalmente. Es cierto que añadieron la opción de pago de Youtube. Pero lo cierto es que no es nada popular.

Cientos de anuncios en cola para salir antes, durante y después de tu contenido. Y si tu contenido atrae a millones de usuarios, lo patrocinan.

La receta está completa: Plataforma+contenido+publicidad =Youtube.

Entonces, con un contenido que genere muchos visionados, debería de valer. Cuanto más bueno el contenido, más personas.

Esto no es así exactamente. En cada país, la cultura es diferente. El precio de la publicidad también. Por no hablar de la cuyuntura, que tambien influye.

Por ejemplo, en España, el buen contenido en Youtube brilla por su ausencia. Hay pocos Youtubers que "vivan" del canal y no sea de cotilleos, vivencias personales, ránking y retos absurdos.

Si hay algo mejor, están en el fondo del cubo y lejos de premiar su contenido de calidad, castigan su falta de visionados. YouTube, recrudece las normas. Hay mucha publicidad que poner y cerebros que impactar.

Una de las polémicas más grandes que ha generado esta Plataforma, era su falta de restricción. Algo que les perjudicó cuando los anunciantes decidieron retirar su publicidad por aparecer sus marcas en vídeos de dudosa ética.

La plataforma recrudeció su normativa poniendo entre la espada y la pared a muchos Youtubers que vivían de los ingresos generados por contenido afectado por la nueva normativa.

Pero Youtube no es tan desalmada. Siempre puedes reclamar tus honorarios si consideras que están en un error. Lo malo, es que primero te sancionan, después lo revisan y por último, si estás dentro de la normativa, te reactivan; sino, te quedas como estás.

Seas inocente o culpable, habrás perdido.

Entonces, volviendo al tema, ¿Qué es el buen contenido?

Pues en definitiva, es aquel que atraiga más visitas, cumpla la normativa y sea 100% tuyo.

¿Cuál es el mal contenido?

Todo aquel que no tenga poder de generar visitas.

¿Canales dedicados a la lectura, ciencia, educación, arte...?

Si atraen muchas visitas, si.

El poder de generar visitas, es el secreto del éxito y el valor que tiene Youtube, como continente y como contenido.

DES-ORTOGRAFÍA Y ANTI-GRAMÁTICA

Mi abuela materna, María -con quien tuve la suerte de crecer a su lado hasta el día de su muerte hace ya 4 años (este año es su centenario)- era una mujer muy inteligente con muchísima curiosidad por la cultura y una memoria de lujo. Vivía en una aldeíña gallega, de difícil acceso y alejada de grandes núcleos urbanos. Hasta los 8 o 9 años fue a la escuela de su pueblo gracias al interés de su madre (no tenía padre). Sin embargo, su hermano mayor, la obligó a dejar la escuela para dedicarse a coidar a vacas. Eran outros tempos. Tiempos malos para ser leído en los pueblos y peores si además eras mujer.



Hoy en día, cuesta pensar que algo así pueda ocurrir en nuestro país.



Pero todavía hay posibilidad de que sea así. Por eso, debemos seguir en guardia y evitar por todos los medios que nadie se quede sin acceso a la educación hasta la mayoría de edad (por lo menos). Mi abuela, pese a sus carencias para escribir (casi no sabía), no tenía faltas de ortografía -o no tantas como cabría esperar de una persona sin acceso a la educación escolar. 


Era una persona a la que le gustaba hacer bien las cosas, aprender a utilizar las nuevas tecnologías y cuidar con mimo cada pertenencia. 

Podría decir lo mismo de mi abuela paterna: Pilar. Quien todavía derrocha conocimientos médicos. Estoy segura de que ese sería su camino si la vida le hubiese brindado el peaje en la dirección deseada.





Entremos ahora en las redes sociales. Naveguemos por el mar de comentarios y opiniones. Acabamos de cruzar el golfo de las faltas de ortografía y gramática. Pero no hablo de faltas como las que yo podré tener en este artículo. No. Me refiero a escribir en una sola frase u oración todas las faltas posibles. 


Incluso algunas que jamás se me hubiesen ocurrido si tuviese que escribir mal a propósito.


Para ser justos, no es algo que pase lejos de mi entorno. Lo que estoy escribiendo está lleno de auto crítica y no me gusta que algo así ocurra. Por eso hay que preguntarse: ¿pero que nos está pasando?, ¿cada vez hay más gente que escribe mal?, ¿siempre ha sido así y ahora es más evidente?. 



Al igual que en la lectura, Internet, a través de sus redes sociales y gestores de contenido, ha dado un vuelco al acceso a herramientas de escritura y publicación. En los últimos años, los artículos de opinión, críticas y análisis afloran por doquier. Todo, de forma inmediata. Inmediatez. Un arma de doble filo. Lo que antes solo podía hacer un profesional del periodismo bajo rigurosa revisión, hoy lo hacen periodistas y cualquier persona que tenga un dispositivo, acceso a Internet y ganas de escribir. La rigurosa revisión se ha sacrificado en pro de la inmediatez. 


El contenido de la noticia importa tanto como el tiempo en que es publicada. Regla numero cero: yo lo escribí primero.


Si no es así, el tiempo pasa por la noticia, baja su interés y se convierte en rancia. Caduca. Pero no hablo de un mes, ni de semanas, ni de días, hablo de horas e incluso de minutos. Cada día nacen y mueren cientos de Trending Topics. Y tu, mientras, corrigiendo faltas de ortografía ¿A quien se le ocurre?

Por otra parte, deberíamos tener en cuenta la cantidad de países en los que se habla español. Entre ellos, países en situación de pobreza, jóvenes que abandonan sus estudios a muy temprana edad para trabajar y con acceso a la cultura muy limitada. Es posible que lo que percibamos sea precisamente eso: la triste realidad de los países de habla hispana. Sin embargo, resaltando una vez más lo que escribí al principio de este texto, la falta de acceso a la lectura y escritura no supuso para mis abuelas una gran diferencia a la hora de escribir bien o mal. Además, también comenté que en mi entorno, con un acceso a la cultura y educación similares a la mí, este problema también se resistía. 





Supongo que la falta de interés por escribir bien y el interés desmesurado por ser escuchados es lo que nos está llevando a este desequilibrio entre la cantidad y la calidad. Abres la aplicación, escribes y envías. Fin. A partir de aquí, no hay réplica posible ni diálogo que se sostenga. Has dicho y lo más importante, has sido rápido. En la era de la inmediatez, si no lo has publicado ya, ni te molestes en hacerlo. 

La inmediatez es el néctar de las redes sociales y el abono de las faltas ortográficas y errores gramaticales, incluso cuando la tecnología, te apoya para evitarlo.



Porque la tecnología nos apoya. Auto-correctores, marcas que identifican errores, sugerencias, diccionarios, webs de ortografía y gramática al alcance de un clic, etc. Nos estamos quedando sin justificación para escribir mal. Solo quedan excusas. Tampoco digo que haya que abandonarse a estas herramientas, pues no son infalibles. Pero si escribes un tuit con más de cinco faltas ortográficas, no es por fallo del corrector, es porque pasas de lo que te señalan insistentemente en rojo chillón. Ni te molestas. En definitiva, es abandono personal.

Y esa es la peor parte del problema. Lo que le estás diciendo al mundo y lo que de verdad le estás contando. Detrás de esas escuetas palabras hay una persona que no se molesta por mejorar, que se abandona, que no tiene interés por los detalles. Ni ánimo por hacerlo mejor. Ni fuerza para intentarlo. No tiene porqué ser verdad, pero es lo que transmites. ¿Hay algo más importante que ser? Sí, parecer. Da igual lo que cuentes si tus palabras dicen otra cosa.




Entiendo que cuando mantienes una conversación escrita, el ritmo de escritura, análisis y corrección rápidos, da cierta pereza ser gramaticalmente correcto. Pero el hábito hace al buen escritor. Es un ejercicio constante basado en leer, borrar, escribir, leer, borrar escribir... Y así hasta el ¿infinito? No. Llegará un punto en que escribir mal ya no será posible. 

Porque una vez escribes bien, no hay vuelta atrás. Pero repito, para eso hay que habituarse.


Y llegamos a la cumbre, o por lo menos a uno de los campamentos base de la escritura ¿Nos da eso el derecho a hundir en la miseria a las personas que no lo hacen? Es importante mantener siempre una distancia de comprensión, reflexión y análisis. No dilapidar sin piedad por sentir una falsa superioridad con poder para posicionarte por encima de los demás acosando hasta la humillación. Mantener la cordialidad y el respeto con críticas constructivas y didácticas, ayudará de forma activa y positiva a mejorar la educación y cultura de la sociedad. 

Todos podemos aportar un granito de arena en la enseñanza.

Finalmente, insistir en la idea de mejorar la escritura no solo como medio de comunicación, sino también como medio de ser. De ser mejor para mí y para los demás. Ese, era el principal objetivo en la vida de mis abuelas y lo que siempre recordaré de ellas.






MÁS DERECHOS QUE DEBERES

Hace unos días, mientras esperaba en la calle que otra persona terminase de hacer su gestión en el cajero, fui testigo de un curioso movimiento ciudadano. Siempre tuve la sospecha de que algo así pasaba pero nunca lo había visto. Hasta ese día. Una señora de mediana edad, delgada, con chaqueta de punto, falda gris por debajo de las rodillas, medias gruesas y zapato plano, se acerca a un contenedor de papel con un montón de revistas entre sus brazos. Se detiene. Asoma la cabeza por la abertura y mira en el interior. Vacío. Echa un vistazo a su alrededor y de repente se agacha, deja el montón de revistas apoyado entre la acera de la calle y el contenedor de reciclaje, ¡y se aleja del lugar como quien no ha hecho nada!


Si yo fuese un dibujo manga, tendría un goterón en la cabeza y tres puntos suspensivos en un bocadillo. ¿Qué demonios acababa de ocurrir? ¿Cual era la finalidad de esta acción? ¿Qué pretendía conseguir esta señora? (a parte de ensuciar más las calles madrileñas, claro). Si por lo menos los vecinos con animales usasen esas revistas para recoger la mierda del perro que van dejando por las aceras de todo el barrio. Pero no. No va a ser el caso. En definitiva, volví para casa con la sensación de haber resuelto una incógnita pero de haber abierto muchas más. 

"Tener vecinos, es lo peor que te puede pasar. Pero todos tenemos vecinos, más lejos o más cerca."

Las incógnitas cerradas son todas aquellas relacionadas con las bolsas depositadas al lado de los contenedores y no dentro. Aún cuando los contenedores permanecen casi vacíos. O cuando aparecen bolsas de basuras llenas en medio de la nada. Hace cinco meses que me desplazo andando hasta otro barrio para dar clases a una alumna. Pues hace cuatro semanas, en uno de los parques por el que cruzo habitualmente, apareció, en medio del camino de paso, una gran bolsa negra de basura. Y bien llena. No era la típica de hogar sino el doble de grande. Estuve apunto de llevarla a un contenedor pero no había ninguno. Por encima, estaba lloviendo y yo iba cargada con material para mis clases. Finalmente, desistí de la idea. Bien, pues una semana después, la bolsa seguía allí. Ahora me entró la curiosidad, ¿Cuánto tiempo va estar la bolsa allí plantada? Y la dejé. Ya han pasado cuatro semanas. Iré informando.

"Siendo comprensiva, voy a pensar que la señora que depositó los periódicos fuera del contenedor, lo hizo pensando en aquellas personas que viven recogiendo basura."

Tener vecinos, es lo peor que te puede pasar. Pero todos tenemos vecinos, más lejos o más cerca. Y te afecta de muchas formas: música alta con paredes de papel, patios interiores humeantes las 24 horas del día, griterío, bolsas de basura en los pasillos de los edificios - lo de la basura es el gran tema-, ¡Junto con paraguas abiertos secando después de la lluvia! -la seguridad tampoco es una de sus preocupaciones-. Por no hablar de la conducción. Bueno, doy por sentado que si pasas con tu coche por mi barrio será porque vives en él o hay alguien que conoces que vive en él (Los amigos de mis vecinos, son mis vecinos). ¡Qué poco le importa al vecindario la seguridad vial!. Cuando cruzas  por un paso de peatones, tienes que vigilar mucho antes de cruzar; pero mientras cruzas, también tienes que vigilar mucho detrás de ti. No sé que pasa en Madrid pero los conductores van desesperados por la carretera.

"Tener un buen vecindario significa que unos vecinos impondrán su confort sobre los demás y que los demás cedan el suyo ."

Mientras escribo esto, sigo dándole vueltas a la señora que abandona los periódicos junto al contenedor. Siendo comprensiva, voy a pensar que la señora que depositó los periódicos fuera del contenedor, lo hizo pensando en aquellas personas que viven recogiendo basura -y no me refiero al servicio de limpieza-. De esta forma, evita que tengan que reventarlos facilitando el acceso al material. Lo de la mierda de perro, supongo que es cansancio, pereza y estoy cuidando el perro de mi hijo. En cuanto a la música, imagino que te hace sentir bien. En lo referente a la bolsa de basura en los descansillos del edificio, es para que no se les olvide bajarla. Para, finalmente, entender que la agresiva conducción es el estrés en el trabajo.

Al final, tener un buen vecindario significa que unos vecinos impondrán su confort sobre los demás y que los demás cedan el suyo hasta límites insospechados. La convivencia ya no tiene valor, ni devoción. Y si es así de sufrida es porque tenemos más derechos que deberes. Y el más importante, hoy en día, es el derecho a hacer lo que me sale del culo.

¿QUIÉN ESTÁ EDUCANDO A NUESTROS HIJOS?

¿Alguien conoce casos de bullying? Por desgracia, seguro que sí. Aunque antes no lo llamaban acoso escolar, lo llamaban cosas de niños. Algo ocurre cuando te conviertes en adulto, que edulcoramos los conflictos entre menores diciendo que es cosa de niñosVamos a cambiar el rol. Si un adulto educa en el miedo a otro adulto, es un claro caso de acoso psicológico. Si un adulto le tira del pelo a otro adulto es un claro caso de agresión física. Pero cuando un niño le tira del pelo a otro niño o lo insulta, le damos carpetazo diciendo que es cosa de niños.

Cada vez, saltan más noticias a los medios de comunicación relacionadas con el lado oscuro de los espacios educativos, que todos conocemos pero que dejamos pasar. A fin de cuentas, es un lugar de tránsito obligado al que no volverás, dejando atrás todos esos problemas. Pero ¿Es justa esa actitud? ¿Por qué no nos importa que los colegios e institutos sean un lugar de abandono y sufrimiento?

Si eres el acosado no encontrarás ayuda y refugio. Y si eres el agresor, tampoco hay soluciones para ti, y lo que podía haber sido un conflicto puntual, se convierte en reiterado y te conviertes en un acosador. Tampoco hay soluciones para los profesores, que hartos de esta situación, ponen de manifiesto el desmadre que hay en las aulas. Insistiendo sobre todo en la falta de respeto que hay en este ámbito y que se ha convertido, al parecer, en la nueva forma social de relacionarse.

Y así, padres, alumnos y profesores están avocados a compartir juntos, experiencias desagradables donde solo vale una ley: sobrevivir. Literalmente. Porque por desgracia, ya se conocen casos de suicidios, intentos de asesinato y bajas por depresión de profesores y alumnos. La polémica enciende el debate y pone de manifiesto la posición de los afectados ante este conflicto: los padres culpan a los profesores por su falta de profesionalidad, los profesores culpan al Gobierno porque no les dan más autoridad y el Gobierno insiste en que la educación corresponde a los padres.


¿No será que la educación es responsabilidad de toda la sociedad y que el problema está en la falta de proactividad? Es como ver una partida de ajedrez pero al revés, las piezas dan pasos hacia la casilla de salida para meterse en un cajón a la espera de que el jugador se olvide de la partida. Y aunque los medios de comunicación y personajes públicos se vuelcan en campañas contra el acoso escolar, terminan siendo mensajes en botellas lanzadas al mar que no llegan a quien tiene que escucharlos.

Escuchar con actitud. Porque de nada sirve pasarnos los días clamando al cielo que la educación en nuestro país se ha perdido y no hacer nada. Al igual que, de poco vale, presentarse como el jefe final de la educación con la solución definitiva que nos llevará a la gloria y no haber contado para ello con los profesores, padres y alumnos (si, alumnos sobretodo), para renovar una institución que se ha quedado totalmente obsoleta con una solución muy intelectual pero muy hueca también. 

Espero algún día, poder ser madre, y escribir en este blog diciendo que llevar a mi hijo a la escuela no me provoca el temor, la inseguridad y la pena que sentiría si tuviese que llevarlo ahora. Percibo un abandono total y absoluto por la educación de toda la sociedad en general, y mientras esto ocurre  yo me pregunto ¿quién está educando a nuestros hijos?