DES-ORTOGRAFÍA Y ANTI-GRAMÁTICA

Mi abuela materna, María -con quien tuve la suerte de crecer a su lado hasta el día de su muerte hace ya 4 años (este año es su centenario)- era una mujer muy inteligente con muchísima curiosidad por la cultura y una memoria de lujo. Vivía en una aldeíña gallega, de difícil acceso y alejada de grandes núcleos urbanos. Hasta los 8 o 9 años fue a la escuela de su pueblo gracias al interés de su madre (no tenía padre). Sin embargo, su hermano mayor, la obligó a dejar la escuela para dedicarse a coidar a vacas. Eran outros tempos. Tiempos malos para ser leído en los pueblos y peores si además eras mujer.



Hoy en día, cuesta pensar que algo así pueda ocurrir en nuestro país.



Pero todavía hay posibilidad de que sea así. Por eso, debemos seguir en guardia y evitar por todos los medios que nadie se quede sin acceso a la educación hasta la mayoría de edad (por lo menos). Mi abuela, pese a sus carencias para escribir (casi no sabía), no tenía faltas de ortografía -o no tantas como cabría esperar de una persona sin acceso a la educación escolar. 


Era una persona a la que le gustaba hacer bien las cosas, aprender a utilizar las nuevas tecnologías y cuidar con mimo cada pertenencia. 

Podría decir lo mismo de mi abuela paterna: Pilar. Quien todavía derrocha conocimientos médicos. Estoy segura de que ese sería su camino si la vida le hubiese brindado el peaje en la dirección deseada.





Entremos ahora en las redes sociales. Naveguemos por el mar de comentarios y opiniones. Acabamos de cruzar el golfo de las faltas de ortografía y gramática. Pero no hablo de faltas como las que yo podré tener en este artículo. No. Me refiero a escribir en una sola frase u oración todas las faltas posibles. 


Incluso algunas que jamás se me hubiesen ocurrido si tuviese que escribir mal a propósito.


Para ser justos, no es algo que pase lejos de mi entorno. Lo que estoy escribiendo está lleno de auto crítica y no me gusta que algo así ocurra. Por eso hay que preguntarse: ¿pero que nos está pasando?, ¿cada vez hay más gente que escribe mal?, ¿siempre ha sido así y ahora es más evidente?. 



Al igual que en la lectura, Internet, a través de sus redes sociales y gestores de contenido, ha dado un vuelco al acceso a herramientas de escritura y publicación. En los últimos años, los artículos de opinión, críticas y análisis afloran por doquier. Todo, de forma inmediata. Inmediatez. Un arma de doble filo. Lo que antes solo podía hacer un profesional del periodismo bajo rigurosa revisión, hoy lo hacen periodistas y cualquier persona que tenga un dispositivo, acceso a Internet y ganas de escribir. La rigurosa revisión se ha sacrificado en pro de la inmediatez. 


El contenido de la noticia importa tanto como el tiempo en que es publicada. Regla numero cero: yo lo escribí primero.


Si no es así, el tiempo pasa por la noticia, baja su interés y se convierte en rancia. Caduca. Pero no hablo de un mes, ni de semanas, ni de días, hablo de horas e incluso de minutos. Cada día nacen y mueren cientos de Trending Topics. Y tu, mientras, corrigiendo faltas de ortografía ¿A quien se le ocurre?

Por otra parte, deberíamos tener en cuenta la cantidad de países en los que se habla español. Entre ellos, países en situación de pobreza, jóvenes que abandonan sus estudios a muy temprana edad para trabajar y con acceso a la cultura muy limitada. Es posible que lo que percibamos sea precisamente eso: la triste realidad de los países de habla hispana. Sin embargo, resaltando una vez más lo que escribí al principio de este texto, la falta de acceso a la lectura y escritura no supuso para mis abuelas una gran diferencia a la hora de escribir bien o mal. Además, también comenté que en mi entorno, con un acceso a la cultura y educación similares a la mí, este problema también se resistía. 





Supongo que la falta de interés por escribir bien y el interés desmesurado por ser escuchados es lo que nos está llevando a este desequilibrio entre la cantidad y la calidad. Abres la aplicación, escribes y envías. Fin. A partir de aquí, no hay réplica posible ni diálogo que se sostenga. Has dicho y lo más importante, has sido rápido. En la era de la inmediatez, si no lo has publicado ya, ni te molestes en hacerlo. 

La inmediatez es el néctar de las redes sociales y el abono de las faltas ortográficas y errores gramaticales, incluso cuando la tecnología, te apoya para evitarlo.



Porque la tecnología nos apoya. Auto-correctores, marcas que identifican errores, sugerencias, diccionarios, webs de ortografía y gramática al alcance de un clic, etc. Nos estamos quedando sin justificación para escribir mal. Solo quedan excusas. Tampoco digo que haya que abandonarse a estas herramientas, pues no son infalibles. Pero si escribes un tuit con más de cinco faltas ortográficas, no es por fallo del corrector, es porque pasas de lo que te señalan insistentemente en rojo chillón. Ni te molestas. En definitiva, es abandono personal.

Y esa es la peor parte del problema. Lo que le estás diciendo al mundo y lo que de verdad le estás contando. Detrás de esas escuetas palabras hay una persona que no se molesta por mejorar, que se abandona, que no tiene interés por los detalles. Ni ánimo por hacerlo mejor. Ni fuerza para intentarlo. No tiene porqué ser verdad, pero es lo que transmites. ¿Hay algo más importante que ser? Sí, parecer. Da igual lo que cuentes si tus palabras dicen otra cosa.




Entiendo que cuando mantienes una conversación escrita, el ritmo de escritura, análisis y corrección rápidos, da cierta pereza ser gramaticalmente correcto. Pero el hábito hace al buen escritor. Es un ejercicio constante basado en leer, borrar, escribir, leer, borrar escribir... Y así hasta el ¿infinito? No. Llegará un punto en que escribir mal ya no será posible. 

Porque una vez escribes bien, no hay vuelta atrás. Pero repito, para eso hay que habituarse.


Y llegamos a la cumbre, o por lo menos a uno de los campamentos base de la escritura ¿Nos da eso el derecho a hundir en la miseria a las personas que no lo hacen? Es importante mantener siempre una distancia de comprensión, reflexión y análisis. No dilapidar sin piedad por sentir una falsa superioridad con poder para posicionarte por encima de los demás acosando hasta la humillación. Mantener la cordialidad y el respeto con críticas constructivas y didácticas, ayudará de forma activa y positiva a mejorar la educación y cultura de la sociedad. 

Todos podemos aportar un granito de arena en la enseñanza.

Finalmente, insistir en la idea de mejorar la escritura no solo como medio de comunicación, sino también como medio de ser. De ser mejor para mí y para los demás. Ese, era el principal objetivo en la vida de mis abuelas y lo que siempre recordaré de ellas.